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Comprendiendo cómo dormimos, porque dormimos y para qué lo hacemos.


El sueño es un proceso complejo que involucra la regulación del sistema nervioso central, nuestro cerebro y las células en él, así como patrones ambientales como los hábitos adquiridos a lo largo de la vida para dormir y despertar, la exposición a la luz y la oscuridad, los hábitos alimentarios, la actividad física, la temperatura del entorno, las interacciones sociales y la percepción de seguridad.



El sueño cambia a lo largo de la vida. El recién nacido tiene ciclos de sueño de una hora de duración, la mitad del ciclo es un sueño tranquilo y la otra mitad un sueño activo en que el que pueden haber movimientos de la cabeza, cambios en la frecuencia cardiaca y respiratoria, similar al sueño MOR de los adultos. Luego de los 2 años de edad el porcentaje de sueño activo disminuye al 25% y aumenta los estadios 3 y 4 de sueño No MOr, es decir el sueño profundo. Entre los 6 y 11 años aparecen ciclos de sueño de 90 minutos, con nueva disminución del sueño MOR y leve disminución de las etapas 3 y 4, con aumento de etapa 2 del sueño. Desde la mitad de la adolescencia en adelante se configura el sueño de la adultez, repartiéndose 5% etapa 1, 50% etapa 2, 20 a 25% etapa 3 y 4, 25% sueño MOR. Este ciclo se repite durante toda la noche durante 4 ó 5 veces en el sueño adulto.


La duración del sueño tambien se modifica durante la vida, los recién nacidos duermen de 14 a 17 horas, los bebés de 3 meses a 1 año duermen entre 12 a 15 horas, los bebés de 1 a 2 años duermen entre 11 a 14 horas, los niños de 3 a 5 años duermen 10 a 12 horas, los niños de 6 a 12 años duermen de 9 a 11 horas, los adolescentes de 13 a 17 años duermen de 8 a 10 horas, los adultos jóvenes duermen entre 7 a 9 horas, el resto de las edades duermen menos de 8 horas en su mayoría.


El sueño tiene muchas funciones: 1. Ayuda a regular las emociones y el comportamiento por ejemplo cuando se duerme mal el siguiente día estamos más enojados, los jóvenes que duermen mal tienen mayor riesgo de depresión, ideación suicida y/o uso de alcohol, cigarrillo o psicoactivos, los niños con sueño de pobre calidad presentan más problemas de comportamiento. 2. Mejora la capacidad de memoria y aprendizaje, así los estudios muestran que la pobre calidad de sueño se relaciona a menos logros académicos en niños. 3 La falta de sueño aumenta el apetito, con esto el peso y la tolerancia a la insulina.


Las problemas de sueño se originan en alteraciones de los procesos que lo regulan, descritos al inicio de este artículo. Es por ello que los factores predisponentes como personalidades que tienden a la preocupación, la sobre exaltación, elevación de una sustancia conocida cortisol (hormona del estrés), hábitos sociales incompatibles con el ciclo de sueño como personas que trabajan por turnos, familias que se duermen a altas horas de la noche, entre otros; se asocian a factores precipitantes como eventos estresores tales como la muerte de una persona amada, el aumento de las exigencias laborales y/o escolares, la presencia de COVID en el mundo y todos aquellos eventos que producen carga emocional, y finalmente se mantiene los problemas con los factores perpetuadores tales como los pobres hábitos para dormir. La relación de factores predisponentes, precipitantes y perpetuadores sostienen los problemas del sueño y el trabajo sobre todos o algunos de estos factores lleva a la resolución de los problemas en el sueño.


Los problemas de sueño incluyen el insomnio, la hipersomnia o somnolencia excesiva, la narcolepsia, los trastornos del sueño relacionados a la respiración como la apnea del sueño, los trastornos del ciclo del sueño (circadiano), las parasomnias, los trastornos del sueño No MOR y del sueño MOR, los trastornos por pesadillas, el síndrome de piernas inquietas y los trastornos del sueño secundarios a sustancias o medicación.


Si quieres conocer sobre el insomnio y medidas de higiene de sueño puedes ver el siguiente blog.



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